sábado, 20 de junio de 2026

Narco bloqueo del corazón.

 ¿Recuerdan cuando Carrie hablaba en varios episodios de la situación que atravesaba el país y de que Big tenía el corazón bloqueado para querer tener una relación? Bueno, en este caso, Big soy yo.

Mi corazón no siempre fue frío ni estuvo cerrado con un candado; o, al menos, eso creo yo. Porque no recuerdo la primera vez que bajé las murallas sin complicaciones o sin que la otra persona tuviera que esforzarse por ver a través de una ventana de mi alma. Para mí, el amor viene acompañado de miedo, tristeza y dolor. Porque, al final del día, la otra persona tiene demasiado poder sobre nosotros. ¿O acaso nunca los dejaron con todo el amor en las manos? Quizá por eso me cuesta tanto amar y soltar, porque pienso constantemente en que terminaré con todo mi amor entre las manos, sin saber qué hacer con él.

Me parecen curiosas esas personas que salen con alguien y, en un par de semanas, están inmensamente enamoradas, llenas de felicidad, ilusión y "amor", gritando que encontraron a su otra mitad y que el mundo está lleno de colores.

Para mí, el amor y las relaciones suelen verse más llenos de confusión y de silencios, de no querer expresar nada. Consisten en perderme a mí misma sin entender qué siento. O, mejor dicho, precisamente en este momento me siento así: perdida. Mi corazón sintió una chispa hacia alguien, pero también es demasiado centrado y está lleno de lógica. No funciona únicamente desde la emoción; también es guiado por la razón.

Ha visto todas las múltiples posibilidades negativas que traería sentir algo por aquel hombre que apareció en mi vida; lo malo que sería volver a amar a alguien del pasado, lo difícil que es conocer a otras personas y lo frustrante que resulta pensar en hablar de mí con alguien nuevo.

Qué envidia me producen esas personas que aman sin miedo, porque yo solo sé levantar muros alrededor de mi corazón y mantenerlo bloqueado ante cualquier posible daño o herida que pueda sufrir a manos de otros.

viernes, 12 de junio de 2026

El frío corazón de la reina del hielo.

A veces pienso que la vida me hizo para ser alguien fría. Siempre suelo tener frío, amo el frío en todas sus presentaciones y todo en mí es seco, desde mi piel hasta mi cabello. Pero, lastimosamente, esto le molesta mucho a personas externas.

Cuando tenía 14 años, todas mis amigas soñaban con tener sus primeros novios, mientras que yo pasaba por el inicio de mi TCA. Era algo más complejo de lidiar a dicha edad, pero ese tipo de luchas no todos las conocen porque son cosas netamente personales que deben mantenerse así.

Crecí unos años más y, para mí, el “amor” siempre fue algo ajeno y lejano, algo que leía en libros y veía en el cine, pero genuinamente yo no lograba sentir. Tenía una batalla interna sobre si realmente me gustaban los hombres, y bueno, sí me gustan, me encantan, pero las mujeres también. El problema es que mi corazón no funciona como el de todos. Vivo en el mundo del desapego, donde siento y creo que nada me pertenece, que nada es mío, que el amor es pasajero y tiene fecha de caducidad. Donde siento que nadie me puede amar completamente porque no me conocen y, como dicen todos, “nunca se termina de conocer a la otra persona”.

Y con esa frase me invade el miedo más grande: ¿me están idealizando? ¿Esta persona realmente me ama o solo ama una fachada mía? Y bueno, la respuesta muchas veces ha sido sí a ambas preguntas, porque después de un tiempo mis exparejas me odian, se alejan, cambian, me critican. No tengo lo suficiente para ser la única en la vida de alguien, y no los juzgo; yo batallo con esas mismas guerras internas.

Siempre quiero más, siempre siento que llego en el momento inadecuado, que no soy correcta. Me cuesta hablar, me cuesta conectar, me cuesta amar...

Pero bueno, en el mundo frío donde vivo funciona así el mecanismo del amor: con frío, con miedo, con lejanía y sin calidez alguna.


viernes, 29 de mayo de 2026

El primer hombre.

 Cuando tenía 17 estuve involucrada en mi primera relación sentimental con un hombre, pero mi verdadero primer hombre lo conocí a los 27.


Un par de días después de cumplir años coincidí en la vida con un hombre de cabello oscuro y sonrisa cálida; alguien que apareció sin retumbar en mi vida y con mucha tranquilidad. Alguien a quien decidí ver como un amigo por lo agradable que era para mí, por sus gustos en común conmigo y por lo mucho que fluía la conversación.


Lastimosamente, el corazón no decide igual que la cabeza. El corazón no piensa, solo siente, y una noche de domingo terminé enredada en sus brazos, durmiendo por primera vez en la cama de un hombre que me hizo sentir como una adolescente viviendo algo por primera vez. Mi cuerpo se sentía ajeno, mis labios se sentían suyos, mis miedos estaban afuera de la puerta, porque dentro de esa habitación solo había tranquilidad y risas.


La vida no siempre nos une a quienes conocemos. Muchas veces incluso nos aleja o solo nos permite tener una experiencia maravillosa por unas cuantas horas, porque de eso se trata: de coleccionar recuerdos. Y bueno, este posiblemente termine siendo uno de los más bellos que mi alma atesore.


Siempre le agradeceré a aquel primer hombre por darme calidez después de años de frío invierno; por derrumbar los muros que forjé durante años para protegerme de personas que buscaran herirme y por haber sido el primero con el que pude ser yo misma por una noche.


Él posiblemente nunca regrese a mi vida y seguramente yo no fui su primera mujer, ni mucho menos alguien significativa, pero él para mí siempre será el primer hombre.

La noche, la soledad y una mujer de ojos grandes.

 Muchos hablan de que ser un animal nocturno termina consumiéndonos lentamente, pero… ¿cómo se vive cuando el mundo cotidiano se siente demasiado pesado para uno? Cuando el ruido de las calles, el sol de las mañanas y la rutina de la gente me dejan sorda, ciega e incómoda.

¿Acaso esta forma de vivir es una sentencia de muerte o simplemente una manera distinta de renacer dentro de otro ciclo del mundo?

No tengo una respuesta para ello. Solo sé que siempre hemos sido tres: la noche, la soledad y yo.

Siempre juntas. Siempre tomadas de la mano.

En noches felices y en noches tristes. En aquellas madrugadas donde me quedaba creando arte; en aquellas donde yo misma fui arte ante los ojos de otros. Noches donde disfruté de la música y del cine como si fueran refugios creados únicamente para mí. Noches donde me abrigué entre brazos llenos de mentiras y besé labios que sabían dulces, pertenecientes a distintas personas que pasaron fugazmente por mi vida y por mi cuerpo.

Noches donde las brisas frías golpeaban mi piel mientras regresaba a casa después de bailar hasta sentir los pies agotados. Noches donde, entre lágrimas, miraba a la luna y le hablaba como si pudiera escucharme. Noches donde las estrellas iluminaron mi camino y me guiaron de regreso a casa.

Noches… y muchas más noches por contar.

Porque siempre seré un animal de la noche; una persona condenada —o quizás destinada— a vivir con el horario invertido. Un horario que incomoda a muchos y una vida que otros observan con curiosidad, como si intentaran descubrir qué se esconde realmente detrás de alguien que solo florece cuando el resto del mundo duerme.

Un último suspiro de amor.

 ¿Cómo se olvida a alguien cuando el corazón aún conserva la esperanza de amar un segundo más?

Es la pregunta que me hago últimamente, después de sentir que perdí al “amor de mi vida”. Pero bien dicen los sabios que, si realmente hubiera sido amor, aún seguiría presente en mi vida. Supongo que me acostumbré a confundir la palabra amor con la necesidad de sentir un poco de cariño y compañía.

Me perdí intentando llegar a los labios de una mujer fría, una mujer para quien yo nunca fui suficiente. Me perdí en un bosque de tristeza, mientras la melancolía se apoderaba lentamente de mi cuerpo junto a la nostalgia, esa compañera traviesa que nos engaña y transforma los recuerdos, haciéndolos parecer más hermosos de lo que realmente fueron, cuando en realidad estaban llenos de oscuridad y silencios dolorosos.

Entre la soledad que se instalaba en mi vida cada día y mi inmenso deseo de ser amada, de poder amar sin medida a alguien, terminé perdiéndome por completo. Me encontré llorando en un rincón, preguntándome si realmente valía la pena amar a una mujer que probablemente ni siquiera sabía amarse a sí misma.

Pero nunca encontré una respuesta.

En cambio, me tocó levantarme del suelo y caminar de regreso a casa, porque al final del día la casa seguía siendo únicamente yo. No estaba sucia, porque nadie volvió a entrar en ella, pero se sentía vacía, fría, acompañada de un eco abrasador que retumbaba en cada esquina.

La casa era mi corazón.

Y aun así, muy en el fondo, sabía que algún día alguien nuevo llegaría a habitarla; alguien capaz de recibir el amor que una mujer indecisa jamás supo aceptar.

sábado, 14 de marzo de 2026

El último suspiro del placer divino.

 



Inicié a fumar a los 14 años, como muchas de aquellas que entramos en el famoso mundo de “Ana y Mía”. Pero el cigarrillo se convirtió en mi mejor amigo, mi aliado, mi suspiro de aire divino, como me gustaba llamarle. Mi mente quedaba quieta, en blanco, en paz absoluta, y solo podía saborear el amargo sabor de la nicotina.

Mis favoritos: los Marlboro rojos, aunque podía fumar cualquiera. Era mi método de escape en medio del caos de fiestas y festivales, de días largos y confusos, de momentos donde, por una decisión absurda, aguantaba hambre queriendo ser más flaca.

Lo amo, lo amaba y siempre lo amaré. Y dejarlo ha sido más difícil que superar una ruptura, porque para mí fumar era un arte, como todo en mi vida. Lo sentía como la sangre en mis venas; sentía cada punzada que emitía el cigarrillo desde que lo sacaba de la caja, cuando encendía la mechera y cuando finalmente lo prendía.

Lo malo: el olor al día siguiente en mis manos y en mi cabello. Inventé mil técnicas, porque los viciosos somos así: buscamos ocultar nuestros vicios de toda forma posible. Pero es casi imposible; al final todo en el entorno nos delata.

Si tuviera que volver a decidir si fumarme el primero, lo haría sin pensarlo. Y, sin pensarlo también, lo dejaría… o al menos lo intentaría.

Llevo años en la lucha sin descanso por no recaer. Pero no buscas algo que amas una y otra vez, y creo que eso es algo que solo entienden quienes estamos atados a algo sucio; en mi caso, el cochino cigarrillo. Sé, por lógica básica, lo que causa en el cuerpo a largo plazo y sus múltiples consecuencias a futuro, pero eso no le resta lo placentero a fumar: un pequeño suspiro de las nubes celestiales mezcladas con nicotina.


El famoso señor Big.

Hace aproximadamente cinco años conocí al único hombre al que quise, pero a quien también hice sufrir, así él nunca me lo haya dicho en la cara. A quien tienes como opción y nunca eliges; quien está, pero tú no te decides. Yo no fui la Carrie de esta historia, sino Big, y la historia es esta.

Big y yo nos conocimos en una fiesta de Halloween. Ese mismo día nos enredamos: yo fui la mujer más coqueta de la historia y él, otro hombre fácil que cae a los pies de una chica de ojos grandes y sonrisa coqueta. Recuerdo que al día siguiente encontré su número en un hueco libre en el trabajo y decidí escribirle. A los dos días nos vimos de nuevo y ahí comenzó un ciclo infernal para ambos.

Yo me arriesgué a confiar, a abrirme y a mostrar una pequeña parte de mí, pero no recibí lo que yo quería. Y siendo la mujer consentida que creció haciendo todo lo que deseaba en su casa y recibiendo todo lo que pedía, no obtener la respuesta que quería de su boca despertó en mí una mezcla de veneno y rabia que utilicé por años sin darme cuenta de mis acciones.

Iniciamos un ciclo de vernos, pero nunca ser nada, y de yo decir siempre que no estaba lista para una relación y que tampoco la deseaba. Lo irónico fue que casi un mes después de estar saliendo con él conocí a una mujer y, a los pocos días, nos volvimos novias. Muy irónico este chiste y muy agridulce de cierta forma.

Ahí me distancié de él, pero la vida tiene un modo sucio de jugarnos tretas y de ponernos a prueba. Así que me lo encontraba en todos los lugares posibles que frecuentaba en la ciudad, y él o yo volvíamos a caer. Era inevitable. Lo que me hacía sentir era diferente del resto porque, de cierto modo, me interesaba. Era el único a quien escuchaba hablar y se había vuelto un capricho enfermizo que, al mismo tiempo, dejaba tirado cuando veía a alguien nuevo.

Así transcurrimos por años (sí, años; no días y no meses, años… muchos jodidos años). Yo repetía la misma charla de no querer una pareja; él asentía, y yo procedía a tener una novia nueva, a salir con otra mujer o a darle la oportunidad a algún hombre que, como le dije dolorosamente en muchas ocasiones, podría ser el indicado… y yo perdería la oportunidad de conocerlo.

No me malinterpreten: Big tampoco fue nunca el indicado, pero era alguien que estaba. No sé si por amor, por diversión, por masoquismo o por algo más que nunca sabré. Tuve temporadas donde me alejé de él por “respeto” e inicié otras relaciones, pero volvía a verlo. Así que se volvía mi tan querido mozo, como decimos en Colombia: ese alguien escondido. Porque con él podía ser la perra cruel que soy en el fondo; con él no tenía que lucir perfecta; con él siempre me reía y todo me importaba una verga.

Pero había una parte de mí, en lo profundo de mi ser, que sentía que él nunca sería… y que yo tampoco lo era para él. Alentada por esa voz interna decidí distanciarme y ponerle fin. Aún lo pienso, aún lo recuerdo. A veces nos volvemos a cruzar, como si la vida siguiera jugándome una broma sucia y pesada, pero esta vez he decidido mantenerme lejos, porque tengo claro que para mí el amor no es un capricho: es más que eso, más que deseo y amores a escondidas.

Pero siempre diré que ese pudo ser un gran amor, y llevo guardadas las risas que se escuchaban cuando estuvimos juntos.

Donde sea que estés, perdón por ser una perra masoquista. Estaba evolucionando y tú fuiste quien transformó mi vida.

Con amor,
la que se comía tus Froot Loops.


Love, love, love...

En mi vida he tenido amores y desamores, pero si puedo ser honesta con ustedes, público anónimo, creería que nunca me he enamorado completamente. Para mí, el amor es como la brisa que sientes cuando estás sentado frente al mar, el olor de las botas nuevas, el primer bocado de sushi que comemos, la sensación de ver un videojuego nuevo descargándose o el sonido de la secadora de ropa cuando termina el ciclo. Es todo eso junto y, al mismo tiempo, nada.

No me malentiendan: amo conectar y conocer personas, pero siento que en el amor soy como las mariposas. Simplemente prefiero volar, ser libre y conocer diversas flores para polinizar en los ciclos de mi vida. No es que no quiera estar estable con alguien; es solo que la sensación de perder mi libertad me hace sentir como un ave que ve cómo se acercan con unas tijeras para cortarle las alas. El miedo invade mi mente y me paralizo por completo; o, bueno, en términos comunes, huyo y corro muy rápido, como atleta olímpico.

Alguna vez consideré dejar de volar y quedarme con una persona que conocí, pero los humanos, en su mayoría, no fueron hechos para el compromiso. Y es algo que respeto de cada persona: cómo decide vivir y tomar sus decisiones, porque así mismo tomo las mías. Solo que, a veces, siento que si el mundo no fuera tan rápido, yo hace tiempo hubiese dejado de volar. Pero hoy por hoy prefiero ser una mariposa monarca, expandir mis alas y tomar vuelo por el vasto e inmenso mundo que tengo ante mis ojos.

Y quizá de eso se trate el amor al final del día: de quién vuele a tu lado, y no de quién llegue a querer cortarte las alas.


14:14

 Nací a las 14:14 un 10 de mayo del 99, muchos dicen que es un número de comunicación directa con angeles, una señal, una bendición, un mensaje o simplemente algo divino. Yo le llamo mi primer aliento o bueno mi primer momento de estar dormida y ser floja porque nací dormida.

Me tomo años entender un poco el camino de la vida y hacía donde quería ir, si les soy sincera aun me lo pregunto porque al final del día cuando cerramos los ojos antes de dormir no sabemos con certeza si mañana los abriremos de nuevo por eso tengo la maña de agradecer toda mi vida en esos minutos por si mañana no los abro me abre ido sintiéndome completa.

Si me preguntan si veo números de ángel, si soy bruja o si tengo dones espirituales conectados a mi hora de nacimiento podría mentir y decir que no pero prefiero decir que son temas que casi nadie entendería y continuar entendiendo este caótico mundo en el que vine a parar.

Narco bloqueo del corazón.

 ¿Recuerdan cuando Carrie hablaba en varios episodios de la situación que atravesaba el país y de que Big tenía el corazón bloqueado para qu...